Las comunidades locales no deben pagar el precio de la lucha mundial por los minerales de transición

Debemos proteger los derechos humanos y el medio ambiente de la lucha por extraer los minerales que se emplean en las tecnologías de energía limpia, expresan más de 230 organizaciones de la sociedad civil de 62 países a los líderes mundiales que asisten a la cumbre climática COP 27 de las Naciones Unidas, en Egipto.

Las organizaciones firmantes trabajan en diversos ámbitos, desde medio ambiente y derechos humanos hasta anticorrupción, y muchas representan a grupos marginados tales como comunidades locales, mujeres y jóvenes.   

Jean-Claude Katende, coordinador nacional de Publiquen Lo Que Pagan República Democrática del Congo, afirmó que: “El mundo necesita descarbonizarse con urgencia. Pero la extracción de minerales de transición –como el cobalto, el litio, el níquel y el cobre–, necesarios para desarrollar tecnologías para producir energía más limpia y terminar con nuestra adicción a los combustibles fósiles, no debe implicar mayores daños para el planeta ni atropellos a los derechos de las personas más vulnerables”.

“Algo de minería es necesaria para construir la infraestructura de energías renovables que necesitamos. Pero no poner a las personas, y en especial a las comunidades locales afectadas por la extracción, en el centro de la transición energética solo agravará los problemas que acosan a la minería desde hace décadas. Al intercambiar un grupo de recursos limitados por otro, debemos poner fin a los errores del pasado.”

Por tanto, los grupos solicitan a los líderes mundiales reunidos en la COP27 que inicien un cambio real en la manera de extraer y utilizar minerales y que busquen soluciones para reducir la dependencia de la minería. Entre otras cosas, esto se lograría garantizando que las comunidades afectadas por la minería sean consultadas y participen en todas las decisiones que afecten sus vidas, que tengan derecho a negar su consentimiento a la minería y que solo se extraigan minerales respetando las normas internacionales más rigurosas de derechos humanos y medio ambiente. 

Se estima que será necesario un incremento de hasta seis veces en la producción de minerales tales como cobalto, litio, níquel y cobre para ayudar a producir, transportar, almacenar y usar la electricidad generada por fuentes más limpias, como el viento, el agua y el sol. 

Las investigaciones muestran que las mujeres y las niñas, los pueblos originarios y las y los defensores del medio ambiente se ven afectados de manera desproporcionada por la minería. Las comunidades locales suelen quedar excluidas de la toma de decisiones y reciben pocos beneficios de las extracciones. Asimismo, el sector causa daños al medio ambiente y contribuye de manera significativa al cambio climático. 

La feroz competencia, la demanda y la búsqueda de beneficios en la fiebre de los minerales de transición aumentarán la presión sobre los países productores para que “aceleren” la concesión de licencias y abran la minería en zonas sensibles y de alto riesgo. Esto hace que el proceso quede a merced de la corrupción y empeore los derechos humanos y los abusos medioambientales, en particular la contaminación del agua y de la tierra, afectando gravemente la salud de las y los trabajadores y sus poblaciones aledañas. Estos impactos ya se dejan sentir en mayor medida en las comunidades indígenas y terrestres que se encuentran en primera línea de extracción.

“El fuerte aumento en la demanda de minerales de transición ya está causando daños ambientales desastrosos y multiplicando los abusos a los derechos humanos. Ya estamos viendo en demasiados países el tipo de corrupción, opacidad y mala gobernanza que ha empañado la extracción de minerales durante generaciones” agregó Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram (Chile), una de las organizaciones firmantes.  

“Resulta esencial que el incipiente mercado de minerales de transición esté bien regulado, sea transparente, justo y equitativo, y que no replique la explotación ni las injusticias del pasado. Esto exige de manera urgente un esfuerzo coordinado para transformar la manera en que se extraen y consumen los minerales», explicó.

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